jueves, febrero 23, 2006

Imposturas

Y ya que en el primer número de 5 guineas vamos a tratar el tema de la falsificación, leo la crítica que Alejandro Gándara hace de Imposturas, la novela de John Banville, y veo que se queda en lo previsible (¡cuántas imposturas me rodean!, basta ojear un suplemento cultural para darse cuenta...; cosas así). Leí en los comentarios alguna respuesta que apuntaba a lo mismo: la impostura está en nosotros, todos somos impostores; pero eran demasiado vehementes, lo que en cierta forma contradecía el mensaje. Ese modo de darse golpes de pecho a la hora de reconocerse falso me hace sospechar que no se trata sino de otra manera de exclamarse auténtico. Creo que hay cosas que hay que decir como si no se dijeran; cosas que es mejor callar diciéndolas. Quien se sabe falso se sabe también inevitable: hay una fibra de falsedad que nos compone y frente a la que tratamos de desviar la mirada con vergüenza y piedad. Es un secreto de familia.
El título original de Imposturas es Schroud, sudario. Mucho mejor. Esa evocación de algo que ha sido limpio y que ahora está mancillado, corrompido, pestilente. Como el viejo cuerpo de Vander. Banville hace referencia al Santo Sudario, también falso pero auténtico en su falsedad o, tal vez, indiferente en su falsedad.
El artículo de Gándara está en:
Mario Gómez

7 Comments:

At 2/23/2006 09:22:00 p. m., Anonymous J.L. Bueno said...

Por como enfocas el artículo podría decirse que el problema está en el juicio ético que supone la transgresión hacia lo falso. Cuando concluyes, "también falso pero auténtico en su falsedad o, tal vez, indiferente en su falsedad", creo que sí, que me quedo con el "tal vez, indiferente...".

 
At 2/23/2006 10:49:00 p. m., Anonymous Mario Gómez said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

 
At 2/24/2006 11:01:00 a. m., Anonymous Mario Gómez said...

Vaya, acabo de suprimir mi propio comentario. En fin aquí va de nuevo:
Quizá el problema está en la palabra "falso": ¿cuándo deja de ser algo auténtico y comienza a ser falso? Es igual que lo antiguo; ¿en qué punto algo nuevo deja de serlo? Es una cuestión de gradación y no de separación tajante. ¿Cuánta gente ha sido infeliz bajo el peso tremendo de la palabra felicidad?
Creo que acabo de liarlo aún más.
10:49 PM

 
At 2/24/2006 02:26:00 p. m., Anonymous Apasaventadamente said...

¿Y si no había nada que comprender y eso era todo, o casi todo, y así estaba bien? A pesar de eso, podría ser que nuestras incomprensibles vidas, historias todas de crueles destrucciones, trajeran con ellas mismas una compensación a tanto desastre y desesperación: el pensamiento final de que el conjunto entero no era nada, sólo un gesto facial mínimo, una sonrisa.

 
At 2/24/2006 02:30:00 p. m., Anonymous Louis Ferdinand said...

Como la vida no es más que un delirio atestado de mentiras, cuanto más lejos estás, más mentiras puedes añadir y más contento estás entonces, es lógico y normal. La verdad no hay quien la trague.
Por ejemplo, ahora es fácil contar cosas sobre Jesucristo. ¿Es que iba al retrete delante de todo el mundo, Jesucristo? Se me ocurre que no le habría durado demasiado el cuento, si hubiera hecho caca en público. Muy poca presencia, ésa es la cosa, sobre todo para el amor.

 
At 2/24/2006 06:37:00 p. m., Anonymous Arnao said...

Me temo que la esperanza de Pasavento es como la de quien espera el más allá. Hay que contar con que nuestro pensamiento final sea el de lo incomprensible que ha sido nuestra vida. Menos mal que ese pensamiento sí que es un bien guardado secreto de familia.

 
At 2/24/2006 07:25:00 p. m., Anonymous j.l. Bueno said...

Para mí, Pasavento, "el auténtico" (ya estamos), lo que quiere no es dejar de ser, sino de parecer, por eso su verdadera obsesión es la de esconderse en la escritura, ser totalmente aséptico, sin estilo, como Robert Walser. Creo que está atrapado por "el sueño imposible de ser" que lleva al mutismo al personaje central en Persona de Ingmar Bergman.

 

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