jueves, marzo 23, 2006

Henry James y lo real

Algunos relatos de Henry James reflejan la búsqueda, siempre frustrada, de aquello que el propio James llama lo real. Los papeles de Aspern, La lección del maestro, La figura en el tapiz, Lo real: en todos ellos hay algo que se pierde al final, algo que se desvanece entre las manos de sus protagonistas y también entre las del lector. La generación de Henry James fue la que perdió, junto a la certeza sobre las formas de la sensibilidad, a la propia realidad. Husserl, que pertenece a esa generación, intentó dar el salto a la cosa misma, incluso insuflando la fe necesaria, el grito. Sus discípulos son los maestros de la epifanía, del momento verdadero (Proust, Joyce, los modernistas), de lo auténtico (Heidegger). ¿Dónde se oculta la realidad después? ¿Hay una realidad a la que acudir? El secreto del arte es de las pocas cosas que aún encantan en este desencantado mundo. Es un refugio frente a la razón. En La figura en el tapiz lo que se escapa es el secreto de la novela. Detrás de cada párrafo está la figura secreta; clara pero casi imposible de detectar. Aquello que precisamente es real, la verdad del relato, no se ve. Es como una palabra sin fondo. El narrador, que es quien se afana en llegar al secreto, nunca es suficientemente valorado ni por el propio escritor, ni por su amigo, ni por la prometida de éste. Él es el marginado del secreto. Hay un punto en que amor y secreto parecen rozarse: obtener el amor supone tomar posesión del secreto y el narrador no obtiene ni uno ni otro. No se le conocen más amistades, ni otros amores, ni otra vida: él podría ser, en su entrega al misterio y en la forma en que éste le es esquivo, el auténtico escritor. Esa incapacidad para captar el misterio, la figura en el tapiz, es análoga a la imposibilidad de encontrar los papeles del escritor Aspern, a la sacrificada entrega al arte que hace el joven escritor en La lección del maestro y a eso que, en Lo real, le falta a lo auténtico para que pueda ser adecuadamente representado. Para plasmar la distinción, el pintor protagonista de esta historia se ve obligado a rechazar como modelos a la pareja realmente distinguida y termina sirviéndose de dos personas vulgares. En estos relatos de Henry James lo real parece agotar su propia representación y sólo aquello que es falso es capaz de aparentar lo auténtico. Mario Gómez PD (1): Perdonad lo adusto del retrato pero a estas horas no estoy para explorar mucho la red. Si mañana encuentro otro mejor prometo cambiarlo. PD (2): La verdad es que mirándolo bien no resulta tan adusto. Me parece ver un punto gracioso en su mirada; un atisbo de autoparodia. ¿O es mucho ver?

5 Comments:

At 3/23/2006 09:26:00 p. m., Blogger Danae said...

"Hay un punto en que amor y secreto parecen rozarse: obtener el amor supone tomar posesión del secreto y el narrador no obtiene ni uno ni otro."

También en La bestia en la jungla hay un momento en que parecen rozarse, una esperanza de que por fin el "marginado del secreto" (me ha encantado esta expresión) entienda cuál es el peligro que le acecha, y que nosotros intuímos ya desde las primeras páginas. Leyendo La figura en la alfombra sentí que la esencia de ambos relatos era la misma.

Sólo un matiz: yo no usaría expresiones como "obtener" o "tomar posesión". Es precisamente ese ansia por poseer la que le ciega. Busca obsesivamente un tesoro y eso le impide ver que el auténtico tesoro es descubrir la manera de abrir el cofre, y no lo que hay dentro de él.

El secreto se le niega, en fin, porque quiere obtenerlo sin ofrecerse él a su vez (clave: amor = dar). Los demás, los que lo saben, lo convierten en un desgraciado cerrándole las puertas del secreto con su silencio, pero, si lo rompieran, le negarían para siempre la posibilidad de encontrarlo.

James es un maestro.

Un saludo.

 
At 3/24/2006 12:45:00 a. m., Anonymous mario said...

Creo que es cierto lo que dices de La bestia en la jungla. En ése y en otros de sus relatos veo que James es muy sensible al secreto. Esa relación entre amor, secreto y verdad, a la que le podemos añadir la realidad, es uno de sus temas recurrentes. Quizá porque sabe que aquello que es evidente -la belleza, la realidad o el amor, en el caso de La bestia...- es lo más difícil de percibir.
En esa pequeña maravilla que es Lo real se ve hasta dónde llegó en su reflexión sobre estos temas.

Gracias, Danae, por tus comentarios. Siempre eres bienvenida.

 
At 3/25/2006 01:11:00 a. m., Blogger Magda said...

La dualidad "apariencia/realidad (o real)" es muy interesante en James. Me parece guarda la experiencia del ser/existencia, esos "dos" mundos o "instintos artísticos" que apunta Nietzsche. La creación artística surge de la unión entre estas dos fuerzas, lo percibo como un apareamiento de donde surge la obra de arte. El arte, entonces, nace del encuentro de una lucha de opuestos. En este dualismo se muestra que el mundo está delimitado por las apariencias en las que se desliza, por verdades que son ilusiones, metáforas, que de tanto ser repetidas se han constituido en hábito hasta percibirse como verdaderas. El mundo externo es un producto de la ficción, lo único que importa son las apariencias. Creo que además del narrador que se ufana en llegar al secreto, también quiere que nosotros, como lectores, lleguemos a él y nos acerquemos a la "imagen primera", ese espacio original que se ha perdido a través del tiempo y donde vive justamente "el secreto". Este aspirar a conducirnos al lenguaje original y solo tal vez asomarnos al secreto, es un movimiento hacia lo desconocido, hacia el origen de la palabra justamente, lo que ya está en la muerte pero no muerto, simplemente está en silencio.

Totalmente de acuerdo, James es un maestro.

 
At 3/25/2006 07:25:00 p. m., Anonymous mario said...

Es verdad, Magda. Hay una atmósfera especial en esos años. Hay síntomas aquí y allá de esa puesta en cuestión sobre lo que aparenta ser la realidad: en algunas novelas góticas; en Nietzsche, por supuesto; en William James, el hermano sabio del escritor... Es un tema complejísimo, pero creo que algo tienen que ver los cambios que se producen en la percepción del espacio y el tiempo. Comienza a ser evidente que la carta de navegación hasta entonces utilizada ha dejado de servir.
El desarrollo de la novela es un buen mirador para contemplar estos temas. Estoy pensando en esa pura plasmación del tiempo que serán, años más tarde, las obras de Beckett.

Gracias por tu reflexión, Magda.

 
At 10/09/2008 02:37:00 p. m., Blogger pakitorriwin said...

sí, como Magda decía, la palabra es preexistencia; o al menos eso parece en Henry James. Por eso creo yo que, en "Vuelta de tuerca", sospechamos de la verosimilitud de los discursos de la institutriz sin negarles todo el crédito; por que aún nos ufanamos de poseer unas palabras que fundan el mundo cuando lo nombran.
!saludos atodos!

 

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