jueves, mayo 11, 2006

Lady Macbeth

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, tras la publicación del primer número de la revista, 5guineas propone para el próximo como tema El Mal, en el que esperamos que participes enviando tus colaboraciones antes de la segunda quincena de julio (no tiene que ser forzosamente en torno a este tema). Hasta entonces, nuestro blog ya ha realizado los ejercicios espirituales oportunos para recibir al mal. ---------------------------------------------------------------------------------------------------- Es sorprendente la frecuencia con la que comparamos la obra literaria y cinematográfica que comparten título para hacerlas partícipes de un mismo ranking, cuando es evidente que pertenecen a categorías distintas. Esto no quiere decir que como espectadores no nos veamos defraudados cuando un personaje al que conocemos por la literatura queda reducido a sombra en su versión cinematográfica. Y no digamos si es un clásico. En este caso, además la obra ya tendrá sus adaptaciones y dependerá de la habilidad del director, guionista, montador y actores, el suplantar la reducción que generalmente sufre la literatura en la pantalla. Y, cuando hablamos de cine y literatura, ya saben, toca Shakespeare. Lady Macbeth, no hasta los extremos de Celestina, es de esos personajes contra los que su creador no ha podido hacer nada y ha llegado por sí mismo a convertirse en el principal de la obra. Este privilegio se lo ha otorgado su maldad. La esposa de Macbeth es la culminación del mal como agente desestabilizar de un orden cósmico y social que recorre los dramas de Shakespeare (Bruto y Casio, Ricardo III y Macbeth “mancharon” sus manos de sangre), y que viene de la escolástica y Descartes hasta nosotros a través del cristianismo asociado a todo eso de la culpa, el castigo y el arrepentimiento. A Lady Macbeth la hace diferente el que a ella nunca llega dicho arrepentimiento. Sí el castigo de la locura. En Macbeth de Roman Polanski, 1971, esta encarnación hermética del mal no es creíble en la interpretación de Francesca Annis, que desde la escena del crimen muestra cierta debilidad y sentimientos contradictorios (no en el texto), frente a la frialdad que por entonces tiene el personaje de Shakespeare. Así sucede en la interpretación de Jeanette Nolan en Macbeth de Orson Welles, 1948, y en la de Isuzu Yamada en el papel de Isaji en Trono de sangre de Kurosawa, 1957, aun siendo la menos fiel al texto. Es posible que por entonces Roman Polanski se viera interesado por otros aspectos del mal, aunque creo que debería avergonzarle que su Lady Macbeth tenga el corazón tan blanco. José Luis Bueno.

5 Comments:

At 5/13/2006 05:42:00 p. m., Blogger J.A Neira said...

Qué gran respeto impone hablar sobre Lady Macbeth, personificación macabra del mal que resuena desde el fondo del alma humana.

Desde los primeros atisbos de conciencia, el ser humano descubre que no debe llevar a cabo ciertos actos que podría realizar. El reconocimiento de la prohibición –simbolizado en nuestra cultura por la manzana prohibida-, significa el nacimiento del mal en el universo (¿acaso existiría el mal si no existiera el ser humano?).

Es en la conciencia humana -y no en mundo, aunque sea éste quien lo sufre- donde se libra la batalla entre el bien y el mal, entre el ser y la nada. Lady Macbeth representa la voluntad del mal, la aniquilación del orden, del kosmos. La locura, el caos y la destrucción es lo que queda tras el paso del mal. Por eso, unas de las opciones de la libertad humana es la de la nada, la ruina del ser.

No es extraño que en Lady Macbeth se pueda oír la voz del nihilismo:

La vida es una sombra tan sólo, que transcurre;
un pobre actor
que orgulloso, consume su turno sobre el escenario
para jamás volver a ser oído. Es una historia
contada por un necio, llena de ruido y furia,
que nada significa
.

Lady Macbeth representa el ciego deseo del mal, el triunfo de la nada sobre el ser -no tanto por los espantosos actos que comete sino por los que induce a cometer-, y eso puede que asuste hasta al prófugo Polanski, a pesar de que al final de la obra, el orden se imponga sobre el caos.

 
At 5/14/2006 12:36:00 p. m., Anonymous J.L.Bueno said...

Dices: "¿acaso existiría el mal si no existiera el ser humano?."

Si intentamos contestar desde el ejemplo de Macbeth, el mal seguiría existiendo a pesar de lo humano. A él le “llega” desde fuera y si las brujas tienen por fin algún sentido es éste, ofrecerle el cebo de la profecía. Sin embargo en Lady Macbeth el mal parece que no va a ella para germinar sino que lo engendra desde dentro renunciando a su maternidad. Es una incubadora del mal. A ella sólo la conocemos como maldad, no antes. De todas formas, en ambos casos, Shakespeare deja clara su interpretación religiosa y finalmente la culpa y el castigo restablecen el orden, divino.

 
At 5/14/2006 02:56:00 p. m., Anonymous mario said...

No estoy muy seguro de eso, José Luis. Shakespeare consigue en Macbeth que nos espantemos y a la vez que nos identifiquemos con el asesino. Lady Macbeth se suicida en el acto III, pero Macbeth prosigue sus horrores, atormentado por las fantasías pero sin dudar (no es inteligente como Hamlet pero sí es un visionario). Es su coraje a la hora de morir, su manera de enfrentarse a lo que sabe inevitable lo que hace que Shakespeare consiga avergonzarnos por admirarlo.
No creo que haya orden divino en Skakespeare; más bien, como dice José Antonio, un profundo nihilismo. Al final nos hace ver cómo, al menos en nuestras fantasías, todos somos Macbeth.

 
At 5/14/2006 04:46:00 p. m., Anonymous J.L.Bueno said...

Sí, creo que tenéis razón. Quizá la expresión orden divino no es aquí muy afortunada. A lo que me refería es que la ilegitimidad del poder de Macbeth está en la trasgresión que supone el asesinato en sí y como medio para ostentar el poder real, que lo es por la gracia de dios. Dichas transgresiones siempre son castigadas y así es reestablecido ese carácter divino del poder real.
En cuanto a lo del nihilismo, sí que estuve a punto de utilizar el término, pero no sé, demasiada culpa y arrepentimiento. Preferí no usarlo cuando se me vino a la mente El extranjero.
Y respecto al destino-castigo, creo que Macbeth muere con más “dignidad” que su esposa en relación a la proporcionalidad del castigo que reciben.

 
At 8/07/2006 12:08:00 a. m., Anonymous Anónimo said...

Es absolutamente acertada la elección de Polanski en relación a los Personajes principales de su película.
Es Shakespeare el que dice, a través de las brujas, en el Acto I. " Lo bello es feo y feo lo que es bello". Y más adelante " No hay un arte capaz de descubrir en un rostro lo que encierra el alma humana". La Lady Macbeth de polanski, "toma del mundo la apariencia", pero es "la víbora que se oculta". Una acertada lectura -la de Polanski-, de la Tragedia escosesa.

 

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